Escapada rural Ávila

Cuándo ir a la Sierra de Ávila según lo que queráis comer

Río pequeño entre chopos de hojas amarillas y muros de piedra seca, con niebla en una mañana de otoño

La misma escapada cambia mucho de un mes a otro. En la sierra el calendario lo ponen el frío, la lluvia y los animales, y la cocina lo sigue sin discutir.

Esto no es una regla fija. Un otoño seco deja los montes sin setas, y una primavera tardía retrasa todo un par de semanas. Pero sirve para elegir fecha.

De octubre a noviembre

Para nosotros, la mejor época. Los chopos y los fresnos de las riberas amarillean, las mañanas son frías y a mediodía se está bien al sol. Las judías de la cosecha nueva empiezan a llegar a las tiendas, y si ha llovido en septiembre hay setas en los pinares de la provincia.

Es temporada de cuchara. Un fin de semana de noviembre en la sierra pide judías, cocido o unas sopas de ajo, y la gente de los pueblos lo sabe y se nota en lo que cocina.

Un aviso: el puente de Todos los Santos y el de la Constitución llenan las casas rurales. Si vais esos días, reservad con tiempo.

Diciembre, enero y febrero

Hace frío de verdad. En la Sierra de Ávila hiela casi todas las noches y algunos inviernos nieva. Los pueblos están más vacíos que nunca y algunos bares abren solo el fin de semana.

A cambio, es cuando mejor sienta un asado de horno de leña, y cuando el chorizo y el lomo del invierno anterior están en su punto. También es temporada de matanzas, aunque ya pocas familias la hacen en casa. Si os interesa ver una, preguntad en el ayuntamiento del pueblo donde os alojéis: a veces se organiza como fiesta.

Llevad cadenas en el coche y la compra hecha. Con eso, el invierno en la sierra es tranquilo y barato.

Marzo a mayo

La primavera llega tarde a la sierra, pero llega con prisa. El campo se pone verde, las cabras y las ovejas comen hierba nueva y el queso fresco cambia de sabor. Es temporada de cordero lechal.

Semana Santa es la otra fecha de lleno. Ávila capital tiene procesiones y mucho visitante, y la sierra se llena de gente con casa en el pueblo que vuelve esos días.

Verano

De junio a septiembre las noches son frescas, lo cual se agradece viniendo de Madrid. La cocina se aligera: ensaladas del huerto, tomates que saben a tomate a finales de julio, embutido y queso en la mesa del patio. Las revolconas no desaparecen nunca.

Agosto es el mes de las fiestas de los pueblos. Vuelven los que se fueron a trabajar fuera, hay verbena, a veces comida popular, y un pueblo que en enero tiene veinte vecinos se llena. Para quien busca silencio, mala fecha. Para conocer cómo es un pueblo cuando está vivo, la mejor.

Y el viaje

Sea cuando sea, la estructura no cambia mucho: la tarde del viernes en Ávila, el sábado en la sierra y el domingo en dos pueblos pequeños. Está contada en la portada. Lo que se compra cada temporada para llevarse a casa va en qué comprar y dónde.

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