Escapada rural Ávila

Un fin de semana en la Sierra de Ávila, de comida en comida

Camino de tierra que serpentea entre encinas y bolos de granito, con un pueblo en lo alto de una loma al fondo y cielo nublado de otoño

Viernes por la tarde en Ávila, sábado por la sierra y domingo en dos pueblos pequeños junto al río Almar. Las horas las marcan las comidas, y el resto se acomoda.

Esta es la escapada que proponemos. No tiene nada de original y no lo pretende: es la forma en que mucha gente de Madrid, de Salamanca o de Valladolid ha conocido siempre la provincia, comiendo. Lo que sí intentamos es que no se pierda el tiempo en el coche ni en buscar mesa a las tres y media de un sábado.

Viernes: llegar a Ávila con hambre

La tarde se va en la ciudad. Un paseo por dentro de la muralla cuando cae el sol, con la piedra que cambia de color, y una vuelta por fuera para verla entera. La catedral, si da tiempo antes de que cierre.

Para cenar, Ávila es ciudad de asadores y de chuletón. Si sois de los que prefieren picar, en el centro hay bares donde las tapas se sirven con la bebida, y una ronda de tres o cuatro sitios da para cenar sin sentarse. Antes de iros a dormir, comprad una caja de yemas de Santa Teresa. El domingo no os acordaréis.

Sábado: la sierra

Desde Ávila, hacia el oeste, la carretera sube a una sierra baja de granito y encinas, con pueblos separados por pocos kilómetros. Es la Sierra de Ávila, y es tierra de ganado más que de monumentos.

La mañana sirve para comprar. Queso, embutido y, si es otoño, lo que haya de temporada; lo contamos en qué comprar y dónde. Conviene hacerlo pronto, porque en los pueblos pequeños las tiendas abren pocas horas, y a mediodía muchas ya han cerrado.

La comida del sábado es la gorda del viaje. Judías con su compango, revolconas, un asado si se ha reservado.

Por la tarde, siesta o un paseo corto. Lo de andar con el estómago lleno por la sierra en agosto lo intenta todo el mundo una vez.

Domingo: Ortigosa y Manjabálago

Para el último día, dos pueblos que forman un solo municipio. Ortigosa de Rioalmar está a orillas del Almar, un río pequeño que acaba en el Tormes, y es el pueblo donde santa Teresa pasó una temporada de joven en casa de un tío suyo. Allí dicen que la santa estuvo «dos veces viva y dos veces muerta». Lo de muerta viene de 1582: tras morir en Alba de Tormes, su cuerpo descansó en Ortigosa camino de Ávila y otra vez al volver a Alba. Tiene también un verraco, donado al pueblo para seguir la tradición vetona.

Manjabálago está al lado. Iglesia de San Miguel, una fuente antigua y la leyenda del dragón al que vence el arcángel, que se ha convertido en el símbolo del pueblo.

Son pueblos para ir sin prisa, y de vuelta parar a comer en algún pueblo grande del camino. Las novedades y lo que hay en el municipio las publica el Ayuntamiento de Manjabálago y Ortigosa de Rioalmar en su web.

Cuándo hacerlo

Cualquier fin de semana del año sirve, pero no se come igual en enero que en junio. En cuándo ir según la temporada está lo que cambia mes a mes.

Para organizar el viaje